Cepeda elige a la lideresa indígena Aída Quilcué para la vicepresidencia

El senador Iván Cepeda oficializó mediante un video publicado el 9 de marzo la aceptación de la senadora Aída Quilcué como su fórmula vicepresidencial, en la antesala de la primera vuelta programada para el 31 de mayo de 2026. El anuncio, ratificado por el Pacto Histórico a través de un comunicado, subraya la intención de la coalición de ampliar sus alianzas con representantes de los movimientos sociales y las comunidades originarias. En sus palabras públicas, Cepeda destacó la trayectoria de Quilcué y la necesidad de construir un «gran pacto por la vida, la paz, la democracia y la justicia social», un llamado a sumar distintas fuerzas políticas y sociales.

La incorporación de Aída Quilcué, de 53 años, busca traducirse en un reforzamiento de la presencia indígena en la campaña electoral y en la propuesta programática del candidato. La fórmula aspira a capitalizar el respaldo de sectores que han ganado visibilidad en la política nacional: organizaciones indígenas, agrupaciones sociales y movimientos progresistas. Según informes de opinión pública citados por la prensa, Iván Cepeda lidera las intenciones de voto con cerca del 38 %, una posición que la campaña pretende consolidar y expandir con la nueva dupla. La jugada también responde a la búsqueda de legitimidad política frente a otros contendientes que fueron protagonistas en las pasadas consultas y legislativas.

La decisión y su contexto político

La elección de Quilcué no fue casual: llega después de una jornada electoral en la que diversas candidaturas se reconfiguraron y tras episodios públicos que han puesto sobre la agenda nacional la seguridad y los derechos territoriales. El anuncio fue apoyado por figuras relevantes del Pacto Histórico y pretende articular una campaña donde las demandas de los pueblos indígenas sean parte central de la narrativa. El equipo de campaña ha insistido en la construcción de alianzas con sindicatos, colectivos sociales y organizaciones comunitarias, buscando traducir adhesión simbólica en votación efectiva en zonas urbanas y rurales.

Trayectoria y liderazgo de Aída Quilcué

Orígenes y recorrido político

Aída Quilcué es una lideresa del pueblo nasa originaria del departamento del Cauca y fue elegida senadora en 2026 por la Circunscripción Especial Indígena con cerca de 89 mil votos. Su trayectoria está íntimamente ligada al trabajo comunitario: comenzó como promotora de salud y asumió responsabilidades en la estructura organizativa del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), desde donde impulsó procesos de defensa territorial y autonomía. Su participación en movilizaciones como la Minga Indígena y en debates nacionales sobre derechos étnicos la convirtieron en una voz reconocida en escenarios de paz y de reclamo social, lo que explica en buena medida por qué su figura resulta estratégica para la campaña de Cepeda.

Acontecimientos que marcaron su liderazgo

La historia pública de Quilcué incluye episodios de violencia y reconocimiento. En 2008 su esposo fue asesinado en la carretera entre Inzá y Totoró, un hecho que fue posteriormente reconocido como violación de derechos humanos. En 2026 recibió el Premio Nacional a la Defensa de los Derechos Humanos, reconocimiento a su trayectoria de defensa colectiva. Más recientemente, en agosto de 2026 protagonizó una discusión conocida públicamente con uniformados del Ejército por un incidente en un puesto de control. Además, en febrero hubo una alerta por la desaparición temporal de la senadora y de sus escoltas en una vía del Cauca, episodio que terminó con su liberación tras la intervención de la guardia indígena.

Implicaciones para la campaña y próximos pasos

La fórmula Cepeda–Quilcué busca articular legitimidad social y experiencia legislativa frente a una contienda que se mantiene competitiva. La inclusión de una lideresa indígena en la boleta presidencial pretende ampliar la base electoral del Pacto Histórico y proyectar una agenda que ponga en el centro la defensa territorial, la vida y la justicia social. A corto plazo, la campaña deberá desplegar acciones para transformar el respaldo simbólico en votos el 31 de mayo de 2026, enfrentar cuestionamientos sobre seguridad y proponer claridad programática en temas clave. La nueva dupla tendrá que equilibrar discurso y presencia territorial para consolidar una coalición amplia que incluya a comunidades indígenas, movimientos sociales y sectores progresistas urbanizados.