La idea de un aeropuerto binacional que beneficie a las ciudades de San Diego y Tijuana surgió tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Aunque el aeropuerto internacional de Tijuana está situado justo al otro lado de la frontera, su infraestructura enfrenta importantes desafíos para manejar el tráfico aéreo y su expansión. Por otro lado, el Aeropuerto Internacional de San Diego, ubicado a solo 40 kilómetros al norte, se ve limitado en su capacidad de crecimiento debido a su cercanía a la ciudad y al puerto. En este contexto, la construcción de un aeropuerto que conecte ambos países se comenzó a considerar como una solución viable.
Los primeros pasos hacia una nueva realidad
Desde el inicio de este ambicioso proyecto, la colaboración entre empresarios de ambos lados de la frontera ha sido fundamental. Personalidades como el empresario Ralph Nieders, el líder cívico Malin Burnham y el economista Luis De La Calle han trabajado incansablemente para desarrollar planes que faciliten los viajes transfronterizos. Intentos previos de establecer un aeropuerto binacional, conocido como Twin Ports, no lograron consolidarse debido a problemas financieros y a la adquisición de terrenos en el lado estadounidense. Además, se requería la obtención de permisos presidenciales de ambos gobiernos para crear un nuevo cruce fronterizo.
Con el paso del tiempo, el interés en el proyecto ha ido en aumento, especialmente por parte del Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP), que gestiona varios aeropuertos en México, incluido el de Tijuana. El apoyo decidido del director del aeropuerto, Enrique Valle Alvarez, junto con organizaciones como la Cámara de Comercio Regional de San Diego y la Corporación de Desarrollo Económico del Sur, han sido clave para avanzar en esta iniciativa que promete transformar la conectividad entre ambas naciones.
Desarrollo y financiamiento del proyecto
Un hito significativo se alcanzó con la adquisición de terrenos en el lado de San Diego, con los permisos presidenciales necesarios obtenidos en agosto de 2010. No obstante, surgió un nuevo desafío: el costo estimado de 8 millones de dólares anuales para la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), que debía ser cubierto por el desarrollador. Esta situación generó tensiones, dado que el CBP sostenía que el desarrollo era un proyecto privado.
Bajo el liderazgo de Alan Bersin, ex presidente de la Autoridad del Aeropuerto Regional de San Diego y luego secretario del Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU., se estableció un acuerdo. Los operadores del terminal transfronterizo asumirían los costos del CBP. De esta manera, los socios estratégicos de GAP, que incluyen a Eduardo Sanchez-Navarro, Carlos Laviada Ocejo y su esposa Laura Díez Barroso Azcárraga, junto con Sam Zell de Equity Group Investments, se unieron para financiar el proyecto.
El nacimiento del Cross Border Xpress
Superados todos los obstáculos, la construcción del terminal dio inicio en junio de 2014. Diseñado por el arquitecto Ricardo Legorreta, este terminal se concibió como un símbolo de unión entre naciones. Se realizaron arreglos especiales para que la constructora Turner Construction pudiera edificar el puente que cruzaría la frontera y llevar a cabo las conexiones necesarias en el aeropuerto de Tijuana.
Finalmente, el Cross Border Xpress (CBX) abrió sus puertas el 9 de diciembre de 2015, ofreciendo un innovador paso seguro de 390 pies entre México y EE. UU. Desde su apertura, los pasajeros han utilizado este acceso, que ha permitido eliminar las largas esperas en otros cruces fronterizos. El terminal en San Diego incluso recibió un código de aerolínea: TJC, ofreciendo rutas a 40 destinos en México, además de dos en China y Phoenix en EE. UU.
Un legado de conectividad y un futuro prometedor
Desde su apertura, más de 25 millones de pasajeros han utilizado el CBX. Este logro ha contribuido a un crecimiento anual del 1.4% en el tráfico del aeropuerto de Tijuana. Con 8,500 espacios de estacionamiento y opciones de transporte como Uber y Lyft, la experiencia de los viajeros se ha vuelto notablemente más cómoda. El CEO actual, Jorge Goytortúa, junto a su equipo, ha trabajado arduamente para mejorar las instalaciones en ambos lados de la frontera, facilitando cada vez más los viajes entre California y México.
Hoy, al celebrar el décimo aniversario del CBX, es fácil olvidar los obstáculos que enfrentaron quienes hicieron realidad este sueño imposible. Actualmente, los pasajeros disfrutan de una experiencia de viaje sin precedentes, uniendo a dos naciones y simbolizando la cooperación y amistad entre ellas.



