La nominación de Fernando Tarapow a la Shackleton Medal marca un hito: es el primer argentino en aparecer en la longlist de ese galardón internacional que premia esfuerzos en favor de la protección del Ártico y la Antártida. Su trayectoria combina largas temporadas en la mar, un recorrido académico prolongado y hoy la labor directa en expediciones polares. Lejos de limitarse a una sola faceta, Tarapow ha conjugado experiencia naval, formación jurídica y una vocación pedagógica que transforma cada viaje en una oportunidad de sensibilización ambiental.
El reconocimiento que entrega la fundación que honra a Sir Ernest Shackleton nació con la intención de mantener vigente el legado del explorador y premiar a quienes trabajan por la conservación de los polos. La presencia de Tarapow en la nómina preliminar no sólo pone en valor su trabajo personal, sino que también visibiliza el compromiso argentino en asuntos polares. Su postulación fue impulsada por colegas internacionales que comprobaron en terreno su constancia frente a amenazas como el calentamiento global y la contaminación por microplásticos.
Formación marítima y preparación académica
Durante más de cuatro décadas Tarapow se desempeñó en la Armada, una experiencia que le brindó conocimiento operativo y acceso habitual a zonas polares. Paralelamente siguió una carrera jurídica que se extendió por veinte años hasta obtener su título en 2016; después se especializó en derecho internacional y en particular en derecho antártico. Desde 2019 dicta la materia Atlántico Sur y Antártida, donde aborda temas como soberanía, plataforma continental y áreas marinas protegidas. Esa combinación de práctica y teoría le permite explicar en lenguaje accesible asuntos complejos a viajeros, estudiantes y profesionales.
Trabajo en las rutas polares y misión educativa
Tarapow trabaja como guía antártico en cruceros polares y, según su propia filosofía, cada desembarco es una lección. Ha completado varias temporadas entre noviembre y marzo en lugares remotos, guiando expediciones y organizando charlas sobre conservación de flora, fauna y ecosistemas marinos. En su labor cotidiana combina anécdotas de navegación con datos científicos y legales; el objetivo es que los pasajeros no sólo observen al continente blanco sino que comprendan su fragilidad. Para él, la educación ambiental es la herramienta clave para transformar la curiosidad en compromiso efectivo.
Cómo nació la candidatura
La postulación de Tarapow fue propuesta por una colega irlandesa con la que compartió viajes y observó su trabajo en terreno; esa recomendación lo llevó a integrar la longlist, una Lista preliminar de candidaturas desde la cual el jurado elegirá la shortlist final. La noticia tiene un componente simbólico: representa la primera vez que un argentino alcanza esta instancia en un premio que reúne a científicos, comunicadores y activistas polares. Tarapow recibe la nominación con humildad y la entiende como un reconocimiento colectivo más que individual.
Significado y proyección más allá del galardón
Para él, el valor real no está en la condecoración sino en mantener a la Antártida como un espacio de paz y protección ecológica. En sus intervenciones repite que la conservación requiere una conexión afectiva: conocer datos no basta, hace falta una vínculo emocional que impulse la acción. Ese convencimiento le viene de experiencias personales, como su retorno al continente tras su etapa como comandante, y de momentos simbólicos vividos frente a lugares históricos, entre ellos la tumba de Shackleton en Grytviken.
Continuidad del trabajo y llamado a la responsabilidad
Mientras el jurado internacional define la lista final, Tarapow continúa liderando excursiones, enseñando y difundiendo mensajes de urgencia climática. Su postura es clara: la defensa de los polos dejó de ser solo una causa científica o geopolítica para convertirse en una responsabilidad humana. Al insistir en la educación y la divulgación, apuesta a que más personas interioricen la importancia de políticas de protección, la reducción de residuos marinos y la conservación de especies emblemáticas como pingüinos y cetáceos.
La candidatura en sí ya abrió espacios de diálogo y puso en primer plano la combinación de saber práctico y académico que Tarapow representa. Independientemente del resultado final, su trayectoria sirve como ejemplo de cómo experiencias profesionales diversas pueden confluir en una misión común: preservar los ecosistemas polares mediante conocimiento, amor por el territorio y acción colectiva. Esa es, en definitiva, la medalla que él aspira a ver materializada: un continente protegido y reconocido por su valor ambiental y humano.
