La Fórmula 1 mantiene una relación compleja con China: desde 2004 el país aparece regularmente en el calendario y, en 2026, Guanyu Zhou fue el primer piloto chino titular en la categoría, hoy reservado en Ferrari. Ahora, una de las empresas más grandes del sector automotor chino, BYD, analiza dar un paso más ambicioso: estudiar la posibilidad de competir en la F1 en 2027. Esta intención llega en un momento en el que la categoría estadounidense de Liberty Media ha estirado el alcance global del Campeonato, con nuevas sedes y gran exposición mediática.
El reciente ingreso de Cadillac —respaldo de General Motors— para la temporada 2026 ejemplifica el interés comercial por la categoría: la escudería se incorporó como undécimo equipo y afrontó un desembolso cercano a US$450.000.000 como parte de un paquete establecido en el Acuerdo de la Concordia de 2026. Ese arribo se produjo en una etapa de crecimiento notable: datos de agosto de 2026 difundidos por Liberty Media señalaron una base de 827 millones de aficionados, más de 1000 millones de espectadores en 2026, un promedio de 70 millones por fin de semana y unos ingresos totales de US$4.000 millones en 2026, con un reparto histórico para equipos de US$1.400 millones.
BYD: ambición global y caminos posibles
BYD, fundada en enero de 2003, se consolidó en los últimos años como uno de los mayores fabricantes de vehículos eléctricos e híbridos del mundo y, según informes, superó a Tesla en ventas totales en ciertos mercados. La compañía estaría valorando dos vías principales para entrar en la élite del automovilismo: pagar por una plaza nueva en parrilla o comprar una estructura ya existente. Ambas alternativas implican inversiones recurrentes en desarrollo, logística, personal técnico y pilotos, además del desembolso inicial por la entrada.
Comprar una plaza frente a adquirir un equipo
La opción de abonar una plaza implicaría, como en el caso de Cadillac, el pago de una cifra elevada destinada a compensar a los equipos actuales por la dilución de los ingresos. Este pago «antidilución» cobró visibilidad cuando Cadillac tuvo que afrontar alrededor de US$450.000.000. Alternativamente, la adquisición de una escudería ya existente —un camino transitado por marcas europeas como Audi, que compró Sauber— permitiría a BYD aprovechar infraestructuras y conocimientos previos, aunque también llevaría aparejadas negociaciones complejas sobre contratos y tecnología.
Reacciones dentro del paddock y postura de los reguladores
En la esfera institucional, la incorporación de una marca china cuenta con apoyos. El presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, ha descrito la llegada de una compañía china como un paso lógico tras la entrada de marcas como Cadillac. Sin embargo, la recepción entre las escuderías actuales es más prudente: una nueva plaza implica repartir las ganancias entre más actores y, por ende, reducir la porción que recibe cada equipo existente. El director ejecutivo de la F1, Stefano Domenicali, llegó a señalar que actualmente “no hay sitio para un duodécimo equipo”, aunque no cerró la puerta a posibilidades futuras.
Implicaciones económicas y estrategia a futuro
Si BYD decide avanzar, el monto por ingresar probablemente superará lo que pagó Cadillac, debido al incremento del valor comercial de la F1. Además del canon de entrada, la marca debería presupuestar grandes sumas para investigación y desarrollo en la nueva normativa técnica, contratación de personal y operaciones logísticas globales. La alternativa de comprar un equipo puede reducir la curva de aprendizaje, pero exige negociar activos, patentes y contratos laborales. En cualquier caso, la llegada de un actor de peso como BYD reforzaría el objetivo de la categoría por consolidarse en el mercado asiático.
El mercado chino: oportunidad y desafío
Aunque China acoge Grandes Premios desde hace años y aportó a pilotos como Guanyu Zhou, la penetración total del campeonato en ese mercado todavía es imperfecta. La entrada de un fabricante local con proyección internacional podría acelerar la conexión con aficionados y consumidores, pero también pondría sobre la mesa cuestiones políticas, comerciales y deportivas que deberán negociarse entre la FIA, Liberty Media y las escuderías.
En resumen, BYD estudia con detenimiento si conviene pagar por una plaza, comprar un equipo o priorizar otras competiciones como el Mundial de Resistencia. Sea cual sea la decisión, la posible llegada de una compañía china de gran tamaño reaviva el debate sobre la expansión de la Fórmula 1, la distribución de ingresos y la física económica detrás del deporte más global del automovilismo.


