En febrero de 2026 los hogares mexicanos enfrentaron una escalada en el precio de los alimentos básicos que superó el ritmo del aumento general de precios. Según datos del INEGI, la canasta alimentaria registró incrementos anuales por encima de la inflación, lo que obliga a revisar cuánto de ingreso debe destinar cada persona para cubrir sus necesidades mínimas de alimentación y cómo esto repercute en el gasto familiar.
Los números oficiales muestran que la presión sobre el costo de vida no es homogénea: las cifras difieren entre áreas urbanas y rurales y el comportamiento de ciertos productos fue determinante para el resultado agregado. Entender estos movimientos permite interpretar mejor las líneas de pobreza que utiliza la autoridad para medir el bienestar y planear políticas o decisiones domésticas.
Cuánto cuesta la canasta y qué representan las líneas de pobreza
Para febrero de 2026 el valor de la canasta alimentaria se situó en 2,516.97 pesos mensuales por persona en zonas urbanas y en 1,887.58 pesos en las zonas rurales. Estas cifras constituyen la referencia para la Línea de pobreza extrema por ingresos, que indica el mínimo necesario para adquirir los alimentos básicos. Al ampliar la medición e incluir bienes y servicios no alimentarios —vivienda, transporte, salud, entre otros— la línea de pobreza por ingresos ascendió a 4,877.87 pesos mensuales por persona en el entorno urbano y a 3,494.95 pesos en el rural.
Definiciones clave
La diferencia entre ambas referencias es sencilla pero fundamental: la Línea de pobreza extrema por ingresos se concentra exclusivamente en el costo de la canasta alimentaria, mientras que la Línea de pobreza por ingresos agrega el costo de bienes y servicios no alimentarios que permiten una vida mínimamente digna. Estos indicadores se actualizan con la inflación y sirven como termómetro de la capacidad adquisitiva de la población.
Productos que explican la mayor parte del encarecimiento
El incremento en el costo de la canasta no fue homogéneo: algunos rubros tuvieron incidencia decisiva. En términos anuales, los componentes con mayor efecto fueron alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar (subida de 7.2% y contribución cercana al 28.5% del aumento total), el jitomate (con un alza anual de 60.2% y una incidencia aproximada del 27.8%) y el bistec de res (incremento de 14.2% y participación del 13.8% en el incremento agregado). Esta concentración explica por qué el encarecimiento de la canasta supera la inflación promedio del país.
Frutas y verduras: un salto inusual
Además, el conjunto de frutas y verduras registró un aumento mensual de 4.94%, el mayor salto en 34 años para un periodo similar, impulsado por productos como limón, jitomate, papa, tomate verde y plátano. Este movimiento fue un factor importante para que la inflación general anual se ubicara en alrededor de 4.02%, un nivel fuera del objetivo que sigue el Banco de México.
Impacto en el hogar y perspectivas
Cuando los precios de los alimentos suben más rápido que la inflación general, las consecuencias son inmediatas en el presupuesto doméstico: las familias destinan una mayor proporción de su ingreso a la compra de alimentos, reducen gastos en otras áreas y buscan alternativas más económicas o sustitutos. Analistas de instituciones financieras, como Banorte y Banamex, han señalado que factores de oferta y efectos estadísticos explican parte del fenómeno y han advertido que la presión sobre los precios podría persistir durante el primer trimestre del año.
En el caso puntual del jitomate, especialistas han vinculado el encarecimiento a una menor producción en estados clave como Sinaloa y a un efecto base estadístico que hace más notoria la comparación interanual en esta época. Además, las condiciones climáticas podrían seguir influyendo en su comportamiento en los meses por venir. En conjunto, estos elementos sugieren que la evolución de la canasta alimentaria seguirá siendo un indicador esencial para medir el costo de vida y la presión sobre las líneas de pobreza en México.



