Aulas bajo la lona: educación y oportunidades para trabajadores de la construcción

Al caminar cerca de un sitio de obra en Ciudad de México, Colima, Guerrero, Guadalajara o Puerto Vallarta, además del sonido de herramientas puede escucharse un murmullo distinto: voces que deletrean, cuentan y discuten ejercicios. Esa escena resume la apuesta de Fundación Construyendo y Creciendo, que instala aulas improvisadas junto a las construcciones para ofrecer alfabetización y niveles básicos de escolaridad. El programa prioriza la accesibilidad: las clases se adaptan a turnos, se montan en espacios cedidos por las empresas y combinan materiales impresos con recursos digitales cuando hay conexión.

El origen del proyecto parte de una necesidad medible: el nivel educativo del sector es bajo; en promedio los trabajadores de la construcción tienen alrededor de cinco años de escolaridad, frente a un promedio nacional de poco más de nueve años, y cerca de uno de cada diez no sabe leer ni escribir. Por eso la fundación propone una solución práctica: no pedir que el alumno se desplace, sino que la educación llegue hasta su jornada laboral. Ese enfoque busca reducir la barrera entre ganar el día y completar un ciclo educativo.

Modelo operativo y logística en obra

El funcionamiento combina sencillez y flexibilidad: se negocia un rincón tranquilo dentro del sitio, se instala mobiliario resistente y se despliegan materiales portátiles. El equipo monta aulas con mesas plegables, una pizarra y, cuando es posible, computadoras e internet. El diseño contempla aulas móviles que soportan cambios de ubicación y protecciones para el equipo durante las reubicaciones de obra. Además, las lecciones se planifican para horarios antes de iniciar labores, en la hora de comida o al final del turno, lo que permite compatibilizar trabajo y estudio sin sacrificar ingresos.

Alianzas con el sector privado

Las constructoras actúan como aliados clave: ceden espacios, facilitan horarios y en algunos casos aportan donaciones en especie o económicas como parte de su responsabilidad social empresarial. La fundación, por su parte, equipa los espacios y gestiona voluntarios y materiales. En entornos donde no hay cobertura de internet, los cursos están diseñados para funcionar sin conexión permanente y emplean kits educativos que se guardan bajo resguardo nocturno. Esta cooperación práctica convierte a las empresas en interlocutores operativos y promotores del acceso a la educación en sus propios proyectos.

Pedagogía contextualizada y apoyo integral

La metodología prioriza la relevancia: las actividades de matemáticas usan medidas y cantidades habituales en obra; los textos de comprensión lectora giran en torno a seguridad laboral o trámites cotidianos; y los módulos digitales enseñan trámites en línea y búsqueda de empleo. Cada participante recibe una evaluación inicial y un plan de aprendizaje personalizado que puede llevar desde alfabetización hasta secundaria. Además, el programa incorpora un componente de desarrollo humano con talleres sobre autoestima, trabajo en equipo y manejo del estrés, así como acompañamiento psicológico para reforzar la permanencia.

Impacto, historias y cifras

Los resultados combinan volumen y relatos personales. Hasta la fecha la fundación reporta 40,453 inscripciones, 101,649 servicios educativos prestados y 278 aulas instaladas, con 26,269 graduados. El índice de finalización varía según la movilidad laboral, pero ronda el 60% en muchos proyectos. Testimonios como el de Sebastián, quien retomó la lectura tras abandonar la escuela en cuarto grado y más tarde obtuvo su certificado de bachillerato gracias al acompañamiento, ilustran el efecto transformador: desde mayor confianza hasta asunción de roles con más responsabilidad en obra.

Retos financieros, reconocimiento y vías de expansión

El principal escollo para escalar el modelo es el financiamiento estable: la iniciativa depende de patrocinios corporativos, donaciones y apoyos institucionales que muchas veces no son previsibles. Aun así, la fundación ha superado desafíos como la necesidad de educación a distancia durante la pandemia y recibió el UNESCO International Literacy Prize 2026, un hito que la posicionó como la primera organización mexicana galardonada con ese reconocimiento. La hoja de ruta incluye ampliar la integración con formación técnica, exportar la experiencia a otros sectores y abogar por políticas que reconozcan la educación laboral para adultos como una estrategia estructural para cerrar brechas.