El conflicto que enfrenta a estados unidos y Israel contra Irán se ha intensificado desde el ataque conjunto que el 28 de febrero acabó con la vida del líder supremo Alí Jameneí. En los días posteriores, Teherán ha respondido con lanzamientos de misiles y acciones de diversa índole contra instalaciones de países aliados de Washington, mientras que el paso estratégico por el estrecho de Ormuz ha sufrido bloqueos intermitentes que amenazan el comercio global y elevan el precio del petróleo. Esta dinámica ha generado movimientos diplomáticos y militares en toda la región, con efectos directos sobre civiles e infraestructuras críticas.
La escalada incluye incidentes con drones, ataques contra bases y denuncias por daños a centros sanitarios. Un intento reciente con aeronaves no tripuladas tuvo como objetivo una base en el aeropuerto internacional de Bagdad, según fuentes, aunque varios de esos aparatos fueron derribados antes de penetrar en el complejo. Paralelamente, la Guardia Revolucionaria iraní aseguró haber derribado drones sobre Teherán usando un nuevo sistema de defensa, y calificó ciertos bombardeos contra fábricas civiles como cobardes. Países europeos y regionales han reaccionado con medidas como la negativa de Suiza a autorizar ciertos sobrevuelos y la decisión de Francia de mantener su portaaviones en el Mediterráneo oriental.
Operaciones militares y nombramiento en Irán
Tras la muerte de Alí Jameneí, la Asamblea de Expertos designó a Mojtaba Jameneí como nuevo líder supremo, un proceso que coincidió con la primera salva de misiles iraníes contra Israel después de esa designación, reportada en comunicados oficiales el 9 de marzo de 2026. La Guardia Revolucionaria expresó lealtad al nuevo guía y advirtió de respuestas continuas ante ataques enemigos. En paralelo, Estados Unidos ordenó la salida de parte del personal de su embajada en Arabia Saudita por riesgos crecientes, y reportó bajas militares relacionadas con la campaña; el ejército confirmó, por ejemplo, la muerte de un soldado herido el 1 de marzo. Las declaraciones oficiales de líderes como el presidente Donald trump sobre el estrecho de Ormuz han aumentado la tensión diplomática.
Acciones sobre el terreno
En el terreno se multiplican los choques y las operaciones puntuales: Hezbolá informó combates directos con fuerzas israelíes en localidades del sur del Líbano, y el ejército israelí ha atacado objetivos ligados a la estructura de mando de la Guardia en Teherán, según distintas fuentes. Organismos internacionales han alertado sobre impactos a la población: la OMS confirmó la muerte de 14 trabajadores sanitarios en el sur del Líbano en un lapso de 24 horas, y varios gobiernos, entre ellos el de España, han condenado ataques contra centros médicos como violaciones del derecho internacional humanitario. Estas pérdidas subrayan el deterioro de la protección de civiles en zonas de conflicto.
Reacciones diplomáticas y seguridad marítima
La crisis ha generado una respuesta variada en la diplomacia internacional. Suiza denegó pedidos de sobrevuelo a aeronaves ligadas al conflicto alegando su decisión de neutralidad, mientras Francia anunció que su grupo de portaaviones permanecería en el Mediterráneo oriental y no se desplazaría al estrecho de Ormuz. El presidente Emmanuel Macron mantuvo contactos con sus homólogos para pedir el cese de ataques y la garantía de libertad de navegación, y el gobierno estadounidense ha reclamado a las naciones receptoras de crudo que contribuyan a mantener abierto el paso por Ormuz, ofreció además apoyo. Estas decisiones muestran cómo el conflicto trasciende lo militar y condiciona rutas comerciales esenciales.
Impacto económico y riesgos para el comercio
El bloqueo parcial del estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructuras energéticas han aumentado la presión sobre el mercado petrolero global, encareciendo el precio del petróleo y avivando preocupaciones sobre la cadena de suministro. Empresas navieras y países importadores evalúan rutas alternativas y medidas de protección. A medio plazo, la persistencia de hostilidades podría provocar una volatilidad sostenida en mercados energéticos y afectar el comercio marítimo, al tiempo que obligaría a aliados a reforzar su presencia militar en corredores estratégicos para evitar interrupciones prolongadas.
Perspectivas y factores de riesgo
Los mandos militares y analistas advierten que el conflicto puede prolongarse: el jefe del Estado Mayor israelí habló de una posible duración extensa de las operaciones. Desde Irán, el ministro de Asuntos Exteriores, Abás Araqchí, ha asegurado que el nuevo líder cumple sus obligaciones y que el sistema político no depende de un solo individuo, una afirmación destinada a transmitir estabilidad interna. No obstante, la combinación de ataques con misiles, operaciones con drones y la participación de actores regionales como Hezbolá incrementa el riesgo de escaladas involuntarias. La comunidad internacional sigue de cerca los acontecimientos, con el reto añadido de proteger a la población civil y garantizar la continuidad del suministro energético global.



