La porcicultura moderna exige información precisa y herramientas prácticas para proteger la producción y optimizar los procesos. En este texto se sintetizan las claves sobre enfermedades porcinas de mayor impacto, con especial énfasis en la peste porcina africana (PPA), así como recursos técnicos y económicos que ayudan a la toma de decisiones en granja. Además, se detallan conceptos de bioseguridad, métodos diagnósticos y soluciones para la gestión diaria.
El objetivo es ofrecer una visión integrada: desde los signos clínicos que deben alertar al ganadero hasta las herramientas digitales y calculadoras que facilitan el seguimiento de parámetros productivos y económicos. Este compendio sirve tanto para profesionales veteranos como para quienes inician en el sector.
Enfermedades clave y diagnóstico: foco en la peste porcina africana
La peste porcina africana es una patología viral sistémica provocada por un Asfivirus. Existen cepas de distinta virulencia y la presentación clínica puede confundirse con otras enfermedades como la peste porcina clásica o salmonelosis, por lo que el diagnóstico requiere confirmación de laboratorio. Entre los signos más relevantes se encuentran fiebre elevada, diarrea, problemas neurológicos, abortos en cerdas y mortalidad elevada en todas las edades.
Signos según edad y categoría
En lechones lactantes los síntomas incluyen vómitos, diarrea, descoordinación y muerte súbita; en las cerdas predominan inapetencia, abortos y aumento de lechones muertos o momificados; y en animales de transición y cebo se observan pérdida de apetito, lesiones oculares, signos nerviosos y coloración azulada de la piel en casos severos. Estas manifestaciones varían según la cepa y la presencia de coinfecciones como el PRRS, que empeoran el cuadro clínico.
Rutas de transmisión y medidas de control
El virus de la PPA se disemina por contacto directo con animales infectados a través de secreciones nasales y bucales, orina y heces. También puede mantenerse en carne contaminada, lo que hace peligrosa la entrada de productos cárnicos sin procesar. La transmisión por garrapatas del género Ornithodorus y la propagación mecánica mediante botas, ropa y vehículos son rutas demostradas. Además, existe transmisión aerógena a corta distancia.
Control y prevención
Actualmente no existe una vacuna efectiva y el control se basa en el sacrificio de animales infectados y en estrictas medidas de bioseguridad. Las estrategias incluyen la bioexclusión (control de entradas externas), la biocontención y el biomanejo interno. Los países libres de la enfermedad regulan la importación de animales y productos cárnicos y recomiendan el tratamiento térmico de residuos orgánicos que puedan contener carne.
Herramientas prácticas y recursos para la gestión de granjas
Existen múltiples recursos que facilitan la gestión: calculadoras de costo de producción, comparadores de equipos como comederos y bebederos, sistemas de puntuación de bioseguridad como Biocheck.UGent, y herramientas para analizar índices reproductivos y conversiones alimenticias. Estas soluciones ayudan a identificar cuellos de botella y a comparar resultados con bases de datos de referencia, permitiendo implementar cambios medibles.
Adicionalmente, se ofrecen guías visuales para procedimientos técnicos (por ejemplo, necropsias), fichas técnicas de materias primas y aditivos, y diccionarios de terminología específica. Estas ayudas prácticas se complementan con mapas de afectación y atlas de patología para facilitar la identificación de lesiones y la interpretación de hallazgos post-mortem, como ganglios linfáticos hemorrágicos o necrosis esplénica en PPA.
Datos de mercado y planificación económica
La toma de decisiones en porcicultura requiere integrar información sanitaria con indicadores económicos: precios del cerdo, cotizaciones de materias primas como maíz y soya, y estimaciones de precio del alimento. Herramientas de seguimiento histórico y gráficas permiten evaluar tendencias y calcular el impacto de variaciones en parámetros productivos sobre el costo de producción. También se incluyen datos de censos y producción que ayudan a dimensionar la oferta y la demanda regional.
La volatilidad del mercado global obliga a mantener estrategias de contingencia y a utilizar indicadores para anticipar riesgos, especialmente cuando brotes sanitarios pueden afectar exportaciones o acceso a mercados. En este sentido, la combinación de datos técnicos y económicos es clave para la resiliencia de la explotación.
La integración de prácticas de bioseguridad, diagnóstico oportuno y uso de recursos técnicos permite minimizar pérdidas y optimizar la producción a largo plazo.



