Una sacudida sísmica en la costa oriental se produjo al mismo tiempo que una desconexión total del suministro eléctrico en Cuba, intensificando una crisis que acumula meses de fallas y restricciones. Según distintas agencias, el fenómeno fue sensible especialmente en provincias del oriente, mientras que el corte dejó a gran parte de la población sin acceso a electricidad, telefonía e internet. Las cifras oficiales y los reportes de organismos internacionales difieren en detalles técnicos, pero coinciden en el efecto inmediato sobre servicios básicos y la dificultad de una restauración rápida.
Las autoridades activaron protocolos para intentar recuperar la energía mediante maniobras graduales y el uso de recursos alternativos; sin embargo, la limitada disponibilidad de combustibles y el estado envejecido de la infraestructura complican la recuperación. En medio de la interrupción, surgieron escenas de tensión social por la interrupción de servicios esenciales y la prolongación de cortes en varias provincias. El suceso volvió a poner sobre la mesa necesidades de inversión y reformas en el sistema eléctrico nacional.
El sismo y las cifras oficiales
Organismos como el USGS y el CENAIS ubicaron el fenómeno con magnitudes distintas: el primero registró una magnitud de 5,8 con epicentro a 49 kilómetros al sur-suroeste de Punta de Maisí y profundidad de 11,6 kilómetros, además de un segundo temblor de magnitud 4,7 ocurrido 16 minutos después. En paralelo, el CENAIS reportó una magnitud de 6,0 con epicentro a 37 kilómetros al sureste de Imías y 20 kilómetros de profundidad. El EMSC también consignó registros en la misma zona. Estas diferencias responden a metodologías y localizaciones de estaciones sísmicas; lo importante fue que el movimiento fue notable en provincias orientales como Guantánamo y Santiago de Cuba.
El apagón y la respuesta técnica
El corte coincidió con el sexto apagón nacional en año y medio, cuando el Sistema Eléctrico Nacional sufrió una desconexión total que dejó sin energía a millones de habitantes. Según reportes, más de nueve millones de personas perdieron acceso simultáneo a electricidad, telefonía e internet, y en La Habana apenas el 4,9% de los hogares tenía suministro, cifra equivalente a 42.372 clientes atendidos por la UNE. El Minem indicó que se investigan las causas y que se activaron protocolos para el restablecimiento, un proceso que requiere pasos escalonados y tiempo.
Prioridades de reconexión
La estrategia oficial apunta a energizar primero instalaciones críticas: hospitales, centros de producción de alimentos y otras áreas estratégicas mediante la creación de microsistemas. El director general de Electricidad, Lázaro Guerra, explicó que la recuperación avanza «paso a paso» y que se analizan parámetros del sistema para identificar el origen de la desconexión. Además, se afirmó que las unidades generadoras en servicio no presentaron daños inmediatos, aunque la falta de combustible y el estado general de las centrales limitan la velocidad de reconexión.
Generación alternativa y limitaciones
Para mitigar el impacto se movilizaron fuentes como energía solar, pequeñas hidroeléctricas y motores de diésel y fueloil, especialmente en provincias afectadas. No obstante, la escasez de combustibles —agudizada por el bloqueo petrolero de Estados Unidos— reduce la eficacia de estas medidas. Desde enero, el gobierno ha informado restricciones en los motores de generación por falta de combustible, lo que hace más lenta la vuelta a la normalidad cuando ocurren fallas mayores.
La crisis estructural y el impacto social
La emergencia eléctrica no es un hecho aislado: desde mediados de 2026 la infraestructura enfrenta fallas recurrentes por el envejecimiento de las centrales termoeléctricas. En la actualidad nueve de las 16 unidades están fuera de servicio por averías o mantenimiento, lo que reduce la capacidad instalada considerablemente. Expertos independientes estiman que la modernización del sector requeriría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares, montos que superan la disponibilidad de divisas del país. La falta de inversión y el déficit de repuestos explican la frecuencia de los apagones.
El prolongado problema energético frena la actividad industrial, afecta servicios públicos y ha sido catalizador de protestas recientes en varias ciudades. La confluencia del sismo con un apagón generalizado aumentó la tensión social y mostró la fragilidad de un sistema que, ante fallas coordinadas, expone a millones a la interrupción de servicios esenciales. El episodio plantea la urgencia de soluciones técnicas y financieras para garantizar la resiliencia del sistema eléctrico y reducir el riesgo de crisis recurrentes.



