Andrea Politti recibe con una cercanía que se percibe en la voz: escucha atento, se deja llevar por la risa y transita con naturalidad de la anécdota jocosa a la emoción íntima. La memoria de su padre, Luis Politti, aparece con un susurro que delata el peso del exilio en la historia familiar, mientras que la figura de su abuela Santina emerge como la chispa inicial que despertó su inclinación por la actuación. A sus 62 años, su relato mezcla gratitud, nostalgia y el orgullo de una trayectoria que supo construir con esfuerzo.
En escena, Politti vuelve a protagonizar una comedia negra titulada HDP Hijos de Primera en el teatro Politeama, donde interpreta a una mujer despiadada llamada Diana. La obra, producida por Juan José Campanella y dirigida por Martino Zaidelis, propone una mirada ácida sobre la codicia familiar y la expectativa de una herencia. Para la actriz, asumir una villana fue una oportunidad de explorar facetas que hasta ahora le habían sido negadas en papeles más luminosos o sensibles.
Raíces y primeros estímulos
El contacto de Politti con el mundo dramatúrgico no fue casual: fue un lazo transmitido por generaciones. Su abuela, apasionada por el cine argentino, le regaló las primeras lecciones de interpretación a través de juegos y escenas domésticas; una infancia en la que la línea entre lo verdadero y lo representado se desdibujó hasta convertirse en vocación. Por otra parte, el legado de su padre marcó tanto la admiración artística como la experiencia dolorosa del exilio, un elemento que dejó huellas profundas en su vida personal y profesional.
Una decisión respaldada por su padre
Cuando le confesó a su padre que quería ser actriz, encontró no rechazo sino apoyo: instrucciones sobre dónde formarse y con quién estudiar. Ese permiso paterno fue, según Politti, determinante para animarse a una carrera que no siempre ofrecía atajos honestos. Desde entonces se planteó que la consistencia y el trabajo sostenido eran la única manera de ganarse un lugar en el teatro, la televisión y el cine, aun cuando su apellido pudiera abrir o cerrar puertas según el contexto político del momento.
Construcción de una carrera entre televisión, cine y conducción
La trayectoria de Politti combina apariciones en películas, obras teatrales y un extenso trayecto como conductora. Vivió la frustración de una participación casi invisible en la película Sur de Pino Solanas, una experiencia que en su momento dolió pero que con el tiempo se revalorizó como un capítulo más de aprendizaje. También fue requerida en producciones televisivas y, con los años, encontró en la conducción un lenguaje propio: 16 años frente a programas populares donde su naturalidad hizo creer al público que hablaba con una amiga cercana.
Trabajo y resiliencia
Para sostenerse, Politti trabajó en empleos fuera del espectáculos, incluido un puesto administrativo en el Congreso conseguido por Arturo Maly, amigo de la familia. Esa etapa le permitió entender los mecanismos del poder y, en paralelo, fortalecer su convicción de no aceptar atajos que le restaran dignidad profesional. Su paso por la conducción sirvió además para descubrir otra vocación: el manejo del tiempo en vivo, la improvisación y la escucha activa, habilidades que amplificaron su presencia escénica.
Encuentros, reconocimientos y el presente teatral
A lo largo de su carrera, Politti cosechó alianzas artísticas que la marcaron: el afecto y la guía de Arturo Maly, el elogio de Ricardo Darín y el placer de compartir trabajo con figuras de la comedia como Diego Capusotto, incluso en proyectos que involucraron a su propio hijo. Estos cruces le ofrecieron tanto aprendizaje técnico como la confirmación de que el verdadero valor profesional reside en la generosidad del otro.
La villana Diana y la puesta en Politeama
En HDP Hijos de Primera, Politti se mete en la piel de Diana, un personaje que utiliza la manipulación para no quedar fuera del reparto de una herencia. Para construir esa maldad sin caer en el lugar común, ella evita juzgar al personaje y prefiere entender su lógica interna: cuáles son sus miedos, sus estrategias y su comicidad involuntaria. El resultado es una comedia negra donde el público se reconoce en la mezcla de ridiculez y verdad humana que la pieza propone.
Para ver la obra: funciones jueves a las 20; viernes y sábados a las 21.30, y domingos a las 19.30 en la sala Politeama, Paraná 353. La propuesta promete risas con filo y personajes que, aunque antipáticos, terminan siendo inquietantemente reconocibles.
