A medida que nos adentramos en una nueva era llena de retos energéticos, surge una pregunta crucial: ¿cuán sostenible es la creciente dependencia de México del gas natural estadounidense? A medida que las importaciones de gas desde el norte siguen ascendiendo, la producción interna de Pemex, la empresa estatal, se encuentra en una clara caída. Este escenario nos deja reflexionando sobre la seguridad energética de México y su futura política en esta materia.
Análisis de las cifras que importan
Los números recientes de la Administración de Información Energética de EE. UU. son reveladores: en los primeros cuatro meses de 2025, las importaciones de gas natural por parte de México aumentaron un 2.7%, alcanzando un récord de 6.261 mil millones de pies cúbicos por día. ¿Y qué hay de la producción interna? Pemex ha visto una disminución del 6.3% en comparación con el año anterior. Este contraste es preocupante, ya que el gas natural es vital para México; ¡aproximadamente el 60% de su electricidad proviene de este recurso!
Desde 2011, México se ha consolidado como el principal comprador de gas natural estadounidense, con un crecimiento constante en sus importaciones, salvo en 2022. Sin embargo, este aumento en las importaciones, combinado con la caída de la producción doméstica, genera inquietudes sobre la vulnerabilidad del país ante políticas comerciales agresivas, como las que vimos durante la administración de Donald Trump. La dependencia del gas estadounidense coloca a México en una posición delicada, donde cualquier interrupción en el suministro podría desatar un verdadero caos.
Desafíos del sector energético mexicano
Al analizar los datos, vemos que en 2024, el gas natural importado representó nada menos que el 74.6% de la demanda total de México, con un promedio de 8.7 Bcf/d. Este número es un 35% superior al promedio de 2014. Sin embargo, la producción interna de gas de Pemex está por debajo de las metas que fijó la presidenta Claudia Sheinbaum, quien había proyectado alcanzar 4.163 Bcf/d. Esta discrepancia pone de manifiesto la brecha entre las aspiraciones políticas y la dura realidad que enfrenta la infraestructura de Pemex, que lidia con campos petroleros envejecidos y equipos de perforación que ya han visto mejores días.
A pesar de estos retos, la política energética de Sheinbaum se plantea aumentar la producción a más de 4.7 Bcf/d para 2027, con un objetivo final de 5 Bcf/d para 2030. Pero, ¿realmente son viables estas metas a largo plazo? La falta de inversión y los retrasos en los proyectos, debido a problemas de pago, son obstáculos que complican la recuperación del sector. Esto nos lleva a cuestionar: ¿qué medidas son necesarias para revertir esta situación?
Lecciones y reflexiones para el futuro
Mientras México navega por este complicado panorama energético, es esencial considerar diversas estrategias que le ayuden a reducir su dependencia del gas estadounidense. Una opción sería invertir en reservas de gas no convencional a nivel nacional, un proceso que no solo demanda tiempo, sino también una inversión considerable. Por otro lado, diversificar la mezcla energética mediante la expansión de fuentes de energía renovables podría ofrecer una solución más sostenible a largo plazo, algo que la administración anterior no se atrevió a abordar.
La experiencia de otros países que han enfrentado desafíos similares nos enseña que la planificación y la diversificación son fundamentales para construir una estrategia energética sólida. En última instancia, los datos de crecimiento y la sostenibilidad del negocio deben guiar cualquier decisión futura en el sector energético de México. ¿Estamos listos para asumir este reto y construir un futuro más sostenible?