El fallecimiento de Ernesto Cherquis Bialo dejó un vacío en el mundo del periodismo deportivo. Con una carrera que atravesó revistas, radio, televisión y organismos oficiales, se lo recuerda como un cronista que prefería contar la vida detrás del resultado. Nacido el 30 de septiembre de 1940 en Montevideo y radicado desde muy joven en Buenos Aires, fue un protagonista de la época dorada de la cobertura deportiva en Argentina y un referente para generaciones de colegas.
En los últimos años su salud había sido frágil: sufrió una internación por neumonía que se complicó y derivó en problemas medulares, y en 2026 fue hospitalizado por leucemia, episodio que movilizó pedidos públicos de donación de sangre y el apoyo de colegas y lectores. Tras superar en una ocasión la crisis, su cuadro volvió a agravarse y finalmente murió a los 85 años, tras una prolongada lucha contra la enfermedad.
Trayectoria profesional y grandes coberturas
Su vínculo con El Gráfico marcó gran parte de su trayectoria: ingresó como pasante, fue editor y llegó a ocupar la dirección, transformándose en una voz central del periodismo gráfico. Más allá de la revista, trabajó en radios como Radio Rivadavia y en medios televisivos; además ejerció cargos gerenciales en empresas como Telefé y Torneos y Competencias. Fue autor de biografías y piezas que mezclaban la crónica y la literatura, y recibió reconocimientos importantes, entre ellos varios premios Martín Fierro y el Premio Konex.
Relación con la AFA y su papel institucional
A partir de 2008 asumió responsabilidades en la comunicación de la AFA, donde fue director de Comunicaciones y vocero del presidente Julio Humberto Grondona durante varios años. Ese paso por la estructura institucional mostró otra faceta: la de un periodista que pasó al rol de interlocutor oficial, con la capacidad para gestionar crisis y anuncios. Su salida del organismo y las tensiones posteriores, incluida una desvinculación que derivó en un litigio laboral, formaron parte de su biografía profesional reciente.
Coberturas memorables
Como cronista estuvo presente en eventos que quedaron en la historia: desde el mítico enfrentamiento entre Muhammad Ali y George Foreman en Zaire hasta el clásico match de ajedrez entre Bobby Fischer y Boris Spassky. Cubrió peleas emblemáticas del boxeo argentino y mundial, y fue autor o coautor de biografías sobre figuras como Diego Armando Maradona, Óscar «Ringo» Bonavena y Carlos Monzón. Su relato combinaba datos con anécdotas que buscaban restituir la dimensión humana detrás del atleta.
Estilo, críticas y enseñanza
Con un lenguaje que muchos definieron como culto y una inclinación por la narrativa, Cherquis Bialo se consideraba un contador de historias. En los últimos años fue también crítico del rumbo del periodismo deportivo, señalando que había perdido matices y que se privilegian los choques de pasión entre hinchas por sobre el análisis riguroso. Fue docente universitario (entre otras actividades, en la UCA) y formó a profesionales que hoy ejercen en distintos medios.
Legado y reconocimientos
Su nombre quedó asociado a múltiples distinciones: la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires lo declaró Personalidad Destacada en el ámbito de la cultura, recogiendo una vida dedicada a las letras deportivas; además recibió premios por su labor en radio y televisión. Firmaba algunas notas con el seudónimo Robinson, en alusión a su admiración por Sugar Ray Robinson, y dejó una obra escrita que incluye testimonios y crónicas que seguirán siendo consultados por quienes estudian la historia del deporte.
La partida de Ernesto Cherquis Bialo abre un momento de balance sobre una forma de contar el deporte que privilegió la emoción y la profundidad. Sus coberturas, sus libros y su enseñanza constituyen el legado de un profesional que intentó rescatar las historias humanas detrás de cada victoria y derrota. Las muestras de afecto y las repercusiones en el ambiente del deporte confirman la influencia de quien, durante décadas, fue una voz reconocible en la crónica deportiva argentina.



