Acusado asegura que la Segunda Marquetalia ordenó el atentado contra Miguel Uribe Turbay

En una audiencia celebrada el 20 de marzo de 2026, Simeon Pérez Marroquín, alias El Viejo, admitió ante la justicia su papel en la logística del ataque que afectó al senador y exprecandidato Miguel Uribe Turbay, ocurrido el 7 de junio de 2026 en Bogotá. Según su versión, la orden habría venido de la disidencia conocida como Segunda Marquetalia, y fue transmitida por un enlace identificado como Kendry Téllez Álvarez, alias Yako. En la audiencia el confesante aceptó participación y recibió una condena que suma 22 años de prisión, mientras la Fiscalía agiliza medidas para capturar a involucrados que estarían fuera del país.

El testimonio de El Viejo describe una red de conexiones que va desde prisiones hasta pasos fronterizos, y detalla encuentros previos con cabecillas que ilustran la organización del ataque. La acusación no lo presenta como un hecho aislado sino como una operación criminal estructurada, con roles definidos: desde el determinador —quien induce o convence— hasta células urbanas que habrían cumplido la ejecución. Con esos elementos, la Fiscalía sostiene la hipótesis de que hubo intención de impactar procesos políticos y de emplear rutas transfronterizas para proteger a los mandos.

El papel de los interlocutores y la cadena de mando

Según lo relatado por El Viejo, el nexo clave fue Yako, quien habría comunicado que la responsabilidad intelectual correspondía a la Segunda Marquetalia. El acusado explicó que conoció a Kendry Téllez años atrás en la cárcel La Picota y que, tras su salida, éste le ofreció “trabajos” que incluían movimiento de armas y homicidios. Ese acercamiento culminó en un encuentro en la zona fronteriza con Venezuela con José Manuel Sierra Sabogal, alias Zarco Aldinever, jefe disidente que según la investigación coordinaba tácticas y logística desde el exterior.

Encuentros en la frontera y coordinación logística

El relato apunta a reuniones en inmediaciones de Cúcuta donde, según El Viejo, se presentó a la figura conocida como El Zarco. En esa cita, la presencia discreta de los mandos —sin armas largas a la vista— llamó la atención del condenado, que recibió instrucciones y el aval para ejecutar tareas en Bogotá. La Fiscalía ha señalado que parte de la coordinación se realizó desde la frontera colombo-venezolana y que allí existiría un corredor de impunidad que facilita la perman